La anestesia en odontología es un tema que siempre genera muchas dudas en el paciente. El miedo al dentista muchas veces esconde detrás un “miedo a las agujas” que como dentistas debemos identificar.

En el post sobre manejo de conducta en clínica, explicábamos las diferentes maneras que tiene el odontopediatra de ayudar al niño a reducir la ansiedad. Dentro de estas técnicas estaba la anestesia general que se trata de una técnica muy solicitada por los padres. Sin embargo, como profesionales no somos partidarios de usarla sin un buen análisis del caso.  A esta edad el objetivo   consiste en ayudar al niño a establecer una relación dentista-paciente normalizada y libre de ansiedad.

Tal y como os explicábamos aquí, lo mejor para reducir la ansiedad al dentista es acudir  estando sano para realizar tratamientos sencillos de prevención.

En el caso de que los niños deban realizarse tratamientos complejos es importante no caer en errores clásicos como trasladarles nuestro miedo. 

En este post os queremos explicar los tipos de anestesia y sedación que pueden realizarse en odontopediatría y cuáles son nuestras técnicas favoritas:

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#1. Óxido nitroso

 

Este es un sedante leve y el menos invasivo. Suele conocerse como “gas de las risas” o “gas hilarante” y consiste en la inhalación de gas de oxígeno y óxido nitroso por parte del paciente. Por lo general, no se duermen, pero la mayoría se sienten más relajados. Puede causar mareos o malestar y en ocasiones una sensación de descontrol desagradable para el niño. 

Debido a la normativa actual, el uso de esta técnica en el consultorio odontológico debe estar supervisada por un anestesista cualificado. 

 

#2. Sedación leve

 

La sedación consiste en la relajación del estado de ansiedad del niño mediante el uso de un medicamento (o combinación de medicamentos).

Este tipo de abordaje se puede llevar a cabo cuando las técnicas de manejo de conducta simples no sean suficiente y siempre bajo la tutela del pediatra. Con el uso de esta medicación,  el niño estará tranquilo y despierto de manera que la odontopediatra podrá realizar el tratamiento en condiciones adecuadas.

Sin embargo, al no ser una técnica libre de complicaciones, rara vez se utiliza en niños pequeños. Además,  no tiene sentido pretender sedar al menor cada vez que acuda al consultorio odontológico.

 

#3. Anestesia general

 

Durante la anestesia general, realizada por un anestesista y en un ambiente hospitalario, el menor está dormido y sin dolor. El sistema neurovegetativo está protegido y la musculatura relajada. Esto y el hecho de que el campo de trabajo es la boca hacen obligatorio que la intubación sea nasotraqueal con neumotaponamiento.

De acuerdo con la Academia Americana de Odontología Pediátrica, la anestesia general está indicada en menores cuando son incapaces de cooperar debido a:

  • La falta de madurez psicológica o emocional, y/o discapacidad física o mental.
  • Pacientes en los cuales la anestesia local es inefectiva debido a una infección aguda, variaciones anatómicas o alergia.
  • Pacientes no cooperadores, ansiosos, o niños y adolescentes no comunicativos.
  • Pacientes que requieren procesos quirúrgicos extensos.
  • Pacientes en los que el uso de la anestesia general podría proteger el desarrollo de la psique, o para reducir los riesgos médicos.
  • Y, finalmente, en aquellos pacientes que requieren tratamiento dental integral de forma inmediata.

Tal y como explica la Dra. Arenas en su publicación al respecto: es necesario hacer una distinción entre la exigencia paterna y la indicación profesional de la anestesia general.

La demanda de tratamiento bajo anestesia general, en ausencia de necesidades clínicas objetivas, no debería ser considerada una razón suficiente para proceder con la anestesia general. Esta técnica debe ser usada solo como último recurso y después que se haya comprobado que las técnicas de manejo de la conducta no son efectivas. Sobre todo porque en el futuro el menor deberá acudir a visitas de control, y presumiblemente de tratamiento, y conviene que lo haga de forma autónoma y libre de ansiedad.

 

#4. Anestesia local

 

Se trata de la técnica más extendida y preferida por los odontopediatras debido a su sencillez y a sus riesgos leves. En general es también la técnica preferida por los menores y sus padres, ya que bien realizada es apenas imperceptible y no requiere de ningún tipo de preparación previa.

Entre las dificultades asociadas a esta técnica cabe destacar el famoso miedo a las agujas que refieren muchos niños, niñas y por supuesto adultos. Tal y como ya se ha comentado a lo largo de este post, los recursos de la odontopediatra y de su equipo para afrontar este miedo son muy numerosos. Vale la pena recorrer el camino junto a los padres para conseguir que el menor acuda tranquilo a las visitas. Este debe ser sin duda el objetivo principal para establecer una relación dentista-paciente sana y equilibrada.

 

#5. Anestesia tópica

 

Se trata de una pasta o spray en general con sabor agradable que se coloca en la encía y mucosas de la boca para generar un efecto anestésico superficial. Sirve para reducir las molestias durante el pinchazo con la anestesia o si se va a realizar algún tratamiento muy superficial en un paciente miedoso.

 

¿Qué técnica de anestesia y sedación os recomendamos?

 

Tal y como hemos visto a lo largo de este post, existen múltiples técnicas de anestesia y sedación para reducir la ansiedad del menor y evitar el dolor durante el tratamiento.

De todas estas técnicas, nosotros descartamos la sedación en general, ya que tiene como único objetivo “atontar” al paciente mediante el uso de fármacos con posibles efectos secundarios. Además, utilizar este recurso no es viable a largo plazo ya que no consideramos pertinente la administración recurrente de este tipo de medicamento.

En cuanto a la anestesia general, consideramos que tiene ciertas indicaciones en tratamientos muy extensos  y ante determinado tipo de pacientes. Sin embargo, al igual que en el caso de la sedación, no sustituye los esfuerzos necesarios por conseguir que el menor asista a la consulta de forma autónoma y sin miedo mediante las técnicas de manejo de conducta clásicas.

Finalmente, la anestesia local, con o sin la ayuda de la anestesia tópica, supone la técnica de elección para poder llevar a cabo tratamientos sin dolor en la consulta odontológica.

Una vez más, las técnicas de manejo de conducta, la paciencia, la colaboración por parte de los progenitores y un espacio adaptado serán claves para conseguir el objetivo de que los niños y las niñas acudan tranquilos al dentista.

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