Son muchas las personas que refieren tener miedo al dentista siendo una de las principales causas para no acudir a este especialista.

Generalmente, una primera visita bien gestionada, en la que se ofrece al paciente toda la información que necesita y en un ambiente agradable, ayuda mucho a reducir la ansiedad de los pacientes adultos. Sin embargo, en el caso de los niños es necesario recurrir a otro tipo de recursos si queremos mejorar la experiencia en el dentista.

En este post os explicábamos algunos trucos que podéis utilizar para ayudar a los más pequeños de la casa a reducir el miedo al dentista.

Una vez en la consulta, gracias a las técnicas de manejo de la conducta, podremos ayudar al niño/a a ganar seguridad.

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Objetivos de las técnicas de manejo de conducta

El objetivo de estas técnicas son:

  • Ayudar al menor a sentirse a gusto.
  • Facilitar la ejecución de maniobras dentro de la boca.
  • Disminuir la posibilidad de eventos adversos (como lesiones transoperatorias).
  • Ofrecer mayor comodidad de trabajo para el paciente, el odontólogo/a y su personal.

Para lograr lo anterior se deben tomar en cuenta diversos factores vinculados al pequeño como el grado de madurez psicológica, edad, estado de salud, dependencia parental y antecedentes de tratamientos dentales.

También se tienen en cuenta factores inherentes al odontólogo, como la pericia en el manejo de niños, el grado de autoridad manifestado al menor y la discreción en el uso de instrumentos punzantes.

Las técnicas de manejo de conducta según lo especificado por la Academia Americana de Odontología Pediátrica pueden clasificarse en simples y avanzadas.

 

#1. Técnicas simples de manejo de conducta

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Se trata de una de las técnicas clásicas en odontopediatría debido a su sencillez y buenos resultados. Está encaminada a dar seguridad al menor sobre el uso de instrumental que se utiliza durante el tratamiento.

La técnica consiste en explicar con palabras entendibles la forma de utilización de los instrumentos para que de esta forma el niño permita de manera voluntaria el uso de dichos instrumentos. Está indicada en cualquier niño que tenga la madurez psicológica para entender y acatar órdenes.

Existe instrumental que se debe evitar que el niño visualice durante el tratamiento ya que genera ansiedad o temor. Este es el caso de las agujas de anestesia que deben ocultarse siempre.

Control de voz

En ocasiones el menor pretende tomar el control de la situación a través de una conducta disruptiva. Ésta se caracteriza por llanto incontrolable, movimientos bruscos de las extremidades y/o gritos. En estos casos es conveniente  definir los roles adulto-niño mediante modificaciones en el tono de voz y del lenguaje corporal por parte del profesional. Es importante mostrar y remarcar la autoridad del doctor de la misma manera que hacen los progenitores en casa. De esta forma, el niño se percata de que su mala conducta no puede afectar a la ejecución del tratamiento.

La literatura sugiere dos alternativas de control de voz:

#1. La primera consiste en susurrar indicaciones cerca del oído del menor pretendiendo captar su atención.

#2. La segunda consiste en elevar el tono de voz para lograr recuperar el control y la comunicación con el niño.

Motivación/Refuerzo positivo

Cuando un paciente ha aceptado voluntariamente realizarse un procedimiento pese a su temor, resulta necesario reforzar su conducta a través de elogios que reconozcan su esfuerzo. Esta técnica debe ser empleada en niños cooperadores, incitándolos a continuar con esa actitud positiva.

Presencia o ausencia de los padres

En su momento, ya hablamos sobre la cuestión de si los progenitores deben entrar en el gabinete con los niños. En general se considera que lo mejor es que el niño desarrolle la autonomía suficiente para poder entrar solo en el gabinete dental. Sin embargo, dependiendo del especialista, de la tipología del niño y de la tipología de padres, se puede considerar la opción de que éstos entren al gabinete.

En todo caso, conviene hacer énfasis en el hecho probado de que en menores no cooperadores la presencia de los padres empeora su actitud y es por esta razón que se les pedirá poder trabajar a solas con el pequeño/a.

Distracción

La imaginación de un niño es sumamente lábil, lo cual nos permite utilizarla en su mejor beneficio. Indagar durante el interrogatorio sobre sus gustos y preferencias ayuda a entablar una buena comunicación y estimula la confianza.

Es importante mantener una comunicación constante para desviar la atención del procedimiento dental a través del uso de la imaginación y la fantasía o mediante conversaciones sobre temas específicos (programas de televisión, películas, personajes, etc.).

Desensibilización

Consiste en generar confianza en el niño a través de modelos amigables que permitan al menor visualizar la manera en la que se llevará a cabo el procedimiento. Esto puede lograrse mediante el uso de juguetes en los cuales se pueda simular una revisión bucodental, o bien simularla en sus padres o hermanos.

 

 

#2. Técnicas avanzadas de manejo de conducta

 

 

Cuando ya se ha intentado realizar todas las técnicas básicas de manejo de conducta sin resultado, deben ser consideradas las técnicas avanzadas que son las siguientes.

Estabilización por protección

Esta técnica limita o controla los movimientos bruscos que puede hacer el menor con sus manos y/o pies para evitar la ejecución del tratamiento.

La restricción de esos movimientos se logra con el uso de dispositivos envolventes o sujetando al niño. Se utiliza a menudo en niños muy pequeños que requieren tratamiento de urgencia (por ejemplo un traumatismo) y normalmente son los propios padres los que ayudan en el proceso abrazando a su hijo en la propia silla dental y una vez obtenido su consentimiento.

Esta es una técnica muy poco utilizada pero que a veces es necesaria para evitar generar lesiones físicas operatorias debido a movimientos bruscos por parte del niño.

Anestesia general

Consiste en la supresión reversible del estado de consciencia que se acompaña de pérdida de reflejos, de habilidad para poder respirar por sí mismo y de responder a estímulos físicos o verbales. Ésta es una técnica avanzada, que implica ciertos riesgos y que debe realizarse siempre en un lugar con la infraestructura necesaria para resolver cualquier contingencia que pudiera acontecer durante el procedimiento.

Está indicada en niños no cooperadores con una amplia extensión de tratamiento, en niños con inmadurez mental o con retraso psicomotor y en pacientes sistémicamente comprometidos en los que se requiera un correcto manejo de sus signos vitales durante el tratamiento por la complejidad de su condición. 

Puedes leer más sobre la anestesia general en este post.

 

¿Qué hacer para ofrecer un tratamiento bien ejecutado en niños?

Para ofrecer un tratamiento bien ejecutado es necesario identificar cuál de las técnicas descritas es la idónea para el control de la conducta en cada niño en particular.

La ansiedad y el temor frente al tratamiento dental son las principales causas de mala conducta y es responsabilidad de los odontólogos reforzar cita a cita el buen comportamiento del niño y mejorar así la aceptación al tratamiento en beneficio de su salud.

Trabajar con odontopediatras, en un espacio agradable y adaptado a las necesidades del niño,  son elementos fundamentales para empezar bien la relación dentista-paciente.

En estas condiciones resulta sencillo que los padres entiendan que cada menor requiere de unos abordajes específicos y que su colaboración con la odontopediatra es fundamental para ayudar al pequeño a acudir contento al dentista.

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